06/03/2011
Febrerillo loco
A principios del mes pasado tuve un accidente de moto mientras iba hacia mi trabajo. Había niebla espesa -muy espesa- pero aún así decidí ir en moto a trabajar, como venía haciendo desde que la temperatura había subido a finales de enero. Mala decisión…
Cuando pienso en ello siempre concluyo que tuve una suerte increíble. Aparte del susto, sólo sufrí lesiones de importancia en manos y muñecas, llevándose la peor parte el brazo izquierdo, en el que tuve que llevar una férula durante un par de semanas. Nada roto. Nada que no se vaya a solucionar con un poco de descanso.
Los daños a la moto también fueron mínimos (la defensa doblada por el impacto contra el suelo). Tanto es así, que la moto está ya arreglada y hasta he tenido la oportunidad de conducirla otra vez para comprobar que no le he cogido ningún miedo. De hecho, amenazo con seguir adelante con mis planes de comprarme una moto más grande este verano.
Pero Febrero todavía me tenía guardada una más…
Pasadas tres semanas, cuando ya me habían quitado la molesta escayola (trepidante aventura que conté en twitter) y comenzaba a recuperar el tiempo perdido, me encontré una tarde al llegar a casa del trabajo otro regalito: un charco considerable de agua saliendo desde la puerta de mi apartamento… “habemus inundación”.
Entré rápidamente y usando el iPhone como linterna (porque la electricidad se habría cortado debido seguramente a los cables eléctricos que suelo tener por el suelo) pude comprobar que el origen del agua era algún tipo de fuga en el depósito del termo eléctrico que, como me confirmaría el perito del seguro después, había reventado literalmente.
Cerré la llave general. Hablé con los propietarios del piso. Hablé con una amiga sobre lo sucedido para relajarme un poco y después simplemente me puse a achicar agua usando cepillo, fregona y toallas. Unas tres horas de intenso trabajo después, el suelo estaba seco y volvía a tener electricidad. De nuevo, nada que lamentar. Acabé el día con una agradable cena en casa de mi amiga y pude dormir en mi apartamento como si nada hubiese pasado a excepción de tener el agua cortada.
Fueron unos cuantos días de molestias, pero el asunto está ya practicamente solucionado gracias a la diligencia de mis caseros en sustituir el termo estropeado por otro nuevo y ahora sólo estoy a la espera de que los de seguro -unos auténticos ineptos, creedme- se ocupen de arreglar el resto de daños.
En fin, a pesar de que ha sido un mes movido y de que este tipo de accidentes quieras o no acaban teniendo repercusión en tu trabajo -que llevo algo retrasado- estoy contento por la forma en que me he tomado todo lo que ha pasado. Para mí, una demostración más de lo fuerte y equilibrado que estoy en estos momentos de mi vida.


